sábado, 15 de enero de 2011

Hasta los huesos...


     Aunque trataba de sujetarlas, sus pupilas se rebelaban y giraban constantemente para poder contemplarle. Menos mal que sus pies eran algo más sumisos, de lo contrario le hubieran hecho caso a sus huesos y se hubieran plantado justo donde sus manos alcanzaran a tocar lo que su boca deseaba.

5 comentarios:

  1. Los ojos son como el corazón, que siempre va p'alante. Y los pies, como la razón, que siempre va frenando...
    Ay, ay, ay.
    Salu2.

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  2. Me ha encantado!!!!! Siempre se ha dicho que primero comemos con los ojos :-). Me has recordado también a Sabina cuando cantaba aquello de "hasta los huesos solo calan los besos que no has dado...
    Saludillos

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  3. Genial Relatada! Me ha encantado!

    Besos fuertes

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  4. Qué harían esos perezosos y sumisos pies sin unos ojos que ayuden a hacer todo, digamos, más razonable...

    Un abrazo

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  5. Dyhego, resulta un conflicto que pase eso en el mismo cuerpo, ¿verdad? Tus ojos en una dirección y tus pies en otra...
    Tiene razón Puck, por algo existe la expresión si las miradas mataran... muchas veces nos delatan las miradas y sobre todo las chispitas que saltan por los ojos, esas son difíciles de disimular.
    Otro besito para ti Su. Tu si que sabes hablar con la mirada.
    Bicefale, yo creo que los de este personaje se hubieran quedado ahí plantados, aunque no se cómo habrá quedado la cosa, porque están en franca minoría con respecto al resto de su cuerpo.
    Un abrazo multiplicado por cuatro!!!

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