domingo, 16 de enero de 2011

Buscándote

Te busqué por la mañana. Con la inercia de lo habitual extendí mi mano, pero no estabas. Preocupada, dejé pasar las horas… Nada… No cesé en mi intento, algo había ocurrido. Continué buscándote por la tarde. No hallé indicios de tu paso, una pista de tu paradero, no has dejado rastro. Por la noche se hacía insoportable tu ausencia. Tras una jornada agotadora necesitaba sentirte cerca, pero no estabas. Me fui a la cama con una mezcla entre nerviosismo y fastidio. No podía dejar de pensar en la suavidad con que me acaricias, en el tan deseado encuentro cotidiano, sobre todo por la noche, cuando lejanos a las prisas nos dedicamos más tiempo. Jamás pude pensar que te echaría tanto de menos. Adormilada repasé mentalmente cada uno de los últimos minutos que habíamos pasado juntos y di con la respuesta. Salté de la cama y llena de incertidumbre me dejé guiar por aquel presentimiento que cada vez se hacía más poderoso. No podía creerlo.  ¿A quién se le ocurre dejar el cepillo de dientes en la cocina?



Basada en una historia real. Llevo todo el día buscándolo y allí estaba. En qué estaría pensando yo...

6 comentarios:

  1. Genial, Anita!!! a punto ya de cambiarlo por otro...
    Un abrazo

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  2. Eso, como el chiste.
    -Mamá, ¿ande está el peine?
    - Pos ¿Donde va ser? En el cajón der pan.

    Besos, Ana

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  3. y quién quiere un hombre teniendo eso para cepillarse? jejeje

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  4. Buenísimo, es más, yo estaba pensando en un noviete y, en fin, un cepillo de novios tiene poco de amante bandido...jejeje.

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Tus palabras...

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