martes, 19 de julio de 2011

Margarita viaja a la ciudad...

Acabo de mudarme a la ciudad… Bueno, antes de nada me presento, soy Margarita. Vivía en un pueblo, pero me he visto obligada a cambiar mi casita por un piso 20 en una de estas colmenas que llaman edificios.
Me gustaría adaptarme a este lugar, y de veras que lo intento. Tendré que darme tiempo, aunque aquí todo vaya tan rápido.
En un plis plas puedo ir de un lado a otro de la ciudad si me muevo dentro de esas madrigueras habitadas por un gusano gigante que chilla en cada vuelta. No me extraña debe estar cansado de tanto ir y venir.
Aquí hay algo que no me deja respirar bien, y no es por la cantidad de humo que sale de todos lados… No sé, no consigo identificar cual es el perfume de este lugar.
 Hoy fue la primera vez que visité una “gran superficie”… Allí te venden lo mismo un tornillo que una mermelada… pero nadie  sabe decir quien los elaboró. Yo no sabía que en las ciudades todo está envasado. Desde las frutas que te miran desde sus paquetes de plástico trasparente, hasta las legumbres embotelladas en vidrios, pasando por las galletas en sus bolsitas mini que además se meten en cartones. Es como si alguien temiera que todo fuera a salir corriendo. Miro las etiquetas y todos los alimentos llevan  sustancias que no conozco cuyo nombre empieza por E- y le sigue un número ¿Qué serán?
Sí, todo esta empaquetado, hasta el suelo. Aquí no es de tierra, se cubre con un manto negro que llaman asfalto. Es como una gran capa que lo cubre todo asfixiando y modificando las estructuras naturales.
Otra cosa que no entiendo es el ruido. Este lugar es tan escandaloso que no se puede escuchar los grillos por la noche. En realidad no tengo tan claro que aquí los haya, yo de ellos me habría ido.
No se escucha la brisa entre los árboles, ni el sonido de los arroyos, ni el canto de los pájaros… Bueno, hay algo que se le parece. He encontrado un par de sitios donde si hay naturaleza, aunque estén bien delimitados. Se llaman parques y en uno de ellos hay un charco que se parece a un lago, pero al que no le llega agua fresca de ningún río… Es todo tan artificial. No entiendo cómo puede vivir tanta gente junta en un lugar tan poco agradable como éste.
Echo de menos mirar hacia arriba y ver las montañas, desde aquí sólo veo un patio pequeñito y sucio al que no llega el sol. Por cierto, el otro día descubrí que aquí la gente se mete en unas cámaras para broncearse la piel. No les culpo, entre la prisa por encerrarse en sus oficinas y la altura de estas colmenas, les resultará imposible verlo.
Ayer cuando salí a la calle vi un arcoiris enorme… Se me cortó la respiración. Era igual que los del pueblo. Al fin algo que no habían podido envasar… La tristeza se me agolpó cuando me di cuenta de que era publicidad aérea. No tienen remedio.

11 comentarios:

  1. RELATA...
    ¿Los encantos de la ciudad? Lo malo es que hasta las moderneces llegan a los pueblos y al campo...
    Salu2 naturales.

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  2. Tienes magia para relatar,
    enganchas,
    felicidades

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  3. ¡Me ha encantado!
    Sobre todo al final, cuando viví la esperanza de un final feliz, pero solo durante una línea y media :-)

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  4. Nos has hecho seguir un ritmo inocente hasta llegar al momento arco iris y ahí, cuando parecía que por lo menos eso...pues tampoco. Menos mal que nos queda la imagen de las margaritas porque lo que es Margarita en sí, alegría, ninguna. Me gustó el tono narrador.

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  5. Ay así estamos. Aquí en el sur venden pastillas de vitamina A para compensar la ausencia de sol. Tristísimo, el sol con código de barras. La realidad supera a la ficción. Hermoso micro!

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  6. He llegado cuando todo se había dicho.
    Gran micro, amiga!

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  7. Dyhego, ¿No te parece todo muy artificial? Real lo de los pueblos y las moderneces...
    Gracias Maria Teresa, menudo piropo.
    Roberto, he pasado por tu blog y me gusta, pasaré por tu elemento emergente. Prometo un micro mas esperanzador para la proxima, ja.
    Gracias Montse. Ese seto de margaritas está en mi isla, en un pueblo precioso al oeste. Eso si que transmite alegría.
    Jo, que pena Sandra. Yo sin sol no soy nadie. Pero supongo que hay personas que lo soportan mejor. Un beso.
    Patricia, otro abrazo para ti AMIGA!!! :)
    Cybrghost, radi-real... un beso tambien para ti!!!

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  8. Yo es que, como urbanita que soy, también veo cosas positivas a las ciudades, al menos a las de tamaño medio.

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  9. Pues claro, cada cual se adapta a su medio. Además cualquier lugar tiene su lado bueno y su lado menos bueno. Es cuestion de gustos. Un beso urbano.

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  10. Ahora tienes que hacer el ejercicio contrario con el campo, je je
    Un relato genial, no dejas nada sin examinar ¡pobre Margarita!
    Abrazos

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