lunes, 17 de octubre de 2016

París

     Amanece y aunque la mañana se presenta perezosa, hoy es el día de la despedida. 

     Nos habíamos reunido en otra ciudad. Esta vez tocó París. Tú vivías por el mundo moviéndote, incansable, de un lugar a otro en tus locos esfuerzos por encontrar tu sitio, tu camino. Yo iba a tu encuentro allí donde fueras, aunque habitaras en mí hacía años. 

    Nuestros últimos minutos pasaron mirando cómo pequeños trazos de agua recorrían los cristales. Llovía fuera, también dentro.

   Te miré, faltaban poco para el adiós. Te brindé mi alma y me dijiste: yo la abrazaré bien fuerte y la llevaré conmigo.

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